Los piratas también comen


Este fin de semana ha sido maravilloso, tan grande que no se cómo explicarlo con palabras, solo puedo dejar ver mi sonrisa satisfecha de chiquilla. He conocido a Leticia, una mujer encantadora y dulce con ojos de flor silvestre. Juan es su enamorado, con risa pícara y un niño en su interior. Calla más de lo que habla. También he conocido a Curro, hombrecillo saltarín, como un duende del bosque, con una voz tan inmensa como el mar.

Por otra parte estamos Patricia y yo, unidas como de costumbre, y separadas de nuevo. Patricia tiene una nariz preciosa, tan perfilada que dan ganas de tocarla todo el rato. Su mirada aún triste iba mejorando a ratos, el mar ayudaba a veces, otras no, pero al final creo que ambas hemos experimentado algo muy importante para nosotras, nuestro primer viaje juntas, en solitario. No puedo dejar de quererla y admirarla, es mi angelito de la guarda, siempre cuidadora, siempre madre, siempre mia.

Ahora de vuelta, parando en casa repaso las fotos que Curro me hizo hacer, para seguir con la serie de dibujos sobre toallas. Curro no paraba de buscar y encontrar piedras, conchas, algas y cualquier cosa del mar para hacer una carita sobre la toalla, Patri secundó la idea, así que me vi irremediablemente obligada a hacerlo, y me encantó, así que aquí teneis la primera ilustración de este viaje, el más luminoso de mi vida (aunque casi todo el rato estuviese nublado).

El pirata sin nombre aún tiene una historia, tiene una vida, porque ¡claro! los pirata también comen, también tienen unas cotidianidades, unos compromisos y un estómago vacío. Por supuesto en la bolsa lleva pipas con sal para su loro.

2 comentarios:

  1. Te quiero, pequeña, gracias por llenar mi casa de luz y mi alma de ventanas!

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  2. Me encantó compartir contigo este mes!!
    Hay que repetirlo.

    (me encanta el pirata!)

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