Guardapelo


Su pelo olía a calidez y dulzura,
pero teminó oliendo a lejanía y sueños rotos.

El beso



Era de día, la luz impregnaba nuestros cuerpos haciendo desaparecer la mesa repleta de gente. Tus labios carnosos ostentaban besarme pese a que eran tres tus dudas. Los siguientes instantes fueron imprecisos, pasaron inseguros, llenos de vida y latidos eternos, hasta que tu boca calló todas mis vergüenzas, todas mis plegarias. Tus ojos dorados me inundaron, tu piel impoluta rozaba la perfección, tus manos suaves me rozaban las mías sin pudor, ajenas a la muchedumbre, haciéndome tiritar.

¡Bendita boca de fresa! Cálida, buscando la mía ¡Que paz!

Entonces tu mirada segura y tu sonrisa pícara me hicieron sentir como una chiquilla a punto de echar a correr. Ahí fue donde comprendí tus propósitos. Volviste a regalarme tu beso, esta vez con premura aunque con el mismo derroche, pero te esfumaste, como un personaje malévolo, lejos de la ciencia ficción, dejando tu miel en mis labios.

Sólo me que quedaba mendigarte amor, tan solo me quedaba rezarte los labios.